Cuando el amor es más fuerte que la muerte

"Hoy que finalizamos el libro me dedico a escribir estas líneas compartidas con mi coautora. Años atrás conocí a la psicoterapeuta Ana Gladys Vargas, quien por medio de una amiga en común me extendió una invitación para acompañarla junto con integrantes de la ONG Tech-Palewi, que Ana Gladys codirige, a llevar consuelo a los padres y familiares que lloraban la muerte de los niños y niñas de la Guardería ABC, en Sonora. Ella les había llevado copias de mi libro Aprendiendo a decir adiós, y los padres querían un encuentro. Esos dos días fueron un parteaguas en mi vida. Muy pocas veces en mis 44 años de vida pastoral me sentí tan conmovido hasta mis fibras más íntimas como ese día, donde lloramos juntos, platicamos y, pese a ser todos ellos católicos y yo un rabino, formamos un círculo de oración juntos, respetuosamente, con una fe y un sentimiento único y puro, que reafirmaba mi concepto acerca de los sentimientos universales que compartimos. Mi vida como ser humano y mi ser religioso tuvieron en ese instante de asombro y reconocimiento un nuevo momento. Y lo que comenzó con un encuentro ordinario se transformó en una experiencia extraordinaria. Desde entonces, en otras oportunidades Ana Gladys y yo participamos en varios encuentros. En cada uno de ellos nos preguntábamos: “¿Cómo podemos ayudar a estos padres?”.

Cerca de dos años después, un directivo de mi sinagoga me pidió visitar a una familia que acababa de perder un hijo y estaba desconsolada. Ahí conocí a Laura y Juan Carlos, y también a sus hijos, hoy queridos amigos. Bellas personas confrontadas por una tragedia, como tú, lector o lectora. Juan Carlos estaba muy enfocado en que no existe en ningún idioma una palabra para un padre o madre que perdieron a un hijo o una hija. Cuando fallecen tus papás pasas a ser huérfano, pero cuando un hijo muere no existe, en ningún idioma, una palabra que te describa. Juan Carlos escribió a la Real Academia Española, platicó con su sacerdote y con amigos, pero no logró resolverlo. Mientras tomábamos un café, me sugirió hacer un libro que buscara crear esa palabra. Y entre estos encuentros y los otros, surgió la idea de este libro que está ahora en tus manos.

Fue una tarea difícil, compleja, que llevó más del doble del tiempo que habíamos pensado. Teníamos mucho miedo de lastimar en lugar de sanar, y cada palabra de cada texto fue escrita y revisada. Hoy estamos entregándoles páginas llenas, queridos papás y mamás, de su amor, su ternura, su nostalgia, de sus luchas y dificultades, y también de esperanzas y recuerdos. Les entregamos un libro preparado de corazón a corazón, que no pretende ser una publicación académica, sino páginas donde ustedes mismos a lo largo del libro podrán escribir sus sentimientos y reacciones (cuando vean esta pluma, pleca, encontrarán un espacio para escribir sus propias reflexiones), sumados a los de los padres y madres que participaron en la elaboración del libro.

Gracias a todos ellos, a todas ellas, a cada uno y a cada una por una entrega tan valiente, honesta y difícil. Sin duda alguna ustedes fueron los arquitectos que dieron contenido y sentido a cada página.

Quiero agradecer especialmente a Ana Gladys Vargas por compartir este proyecto y llenarlo de enseñanzas y mensajes que ciertamente los ayudarán a cruzar el valle de las sombras y volver a encontrar el sentido en su vida, porque el amor es más fuerte que la muerte. Le agradezco su amistad, su entrega, su profesionalismo y sensibilidad. Especialmente el poder trabajar en equipo a gusto. Ana Gladys está comprometida con un mundo mejor, con abrir su corazón a las necesidades de todas las personas que se acercan a ella y a su magnífica asociación, Tech-Palewi. Gracias, Ana Gladys, el mérito es tuyo y el honor, mío.

Gracias a Roberto Banchik, amigo y director de Penguin Random House Grupo Editorial, por siempre apoyarme en los proyectos. A Ariel Rosales, editor, siempre con la palabra y el consejo apropiados. A David Velázquez, editor, con quien es siempre un gran placer trabajar.

A nuestras familias, a los que siempre nos alentaron, y a cada padre y madre que enfrenta una tragedia única como lo es que su hijo o su hija sean arrancados de sus brazos para la eternidad. Los queremos, con un abrazo virtual los estrechamos y lloramos con ustedes, porque el amor es más fuerte que la muerte.

Que nuestra gran comunidad, familia, amigos, conocidos, los rodee de amor y cuidados, mientras recorren el camino del luto hacia un tiempo de sanación en sus vidas. Que sea el recuerdo de tu amado hijo, de tu amada hija, una dulce y duradera bendición.

Con bendiciones de paz interior. Estamos juntos.

Rabino MARCELO RITTNER
y psicoterapeuta ANA GLADYS VARGAS

Tus alas estaban
listas para volar,
pero mi corazón
nunca estuvo listo…
para verte partir.

DE CORAZÓN A CORAZÓN
No sería imaginable para nosotros comenzar a compartirles nuestra tarea sin abrazar y besar, larga y silenciosamente, a cada una de las madres y padres que han abierto sus corazones y que han sido capaces de revivir momento"