Emociones para la vida

El día que la abuela tuvo que cuidar por primera vez a su nieto, su
hijo le dijo: «Mamá, si el niño llora, le cantas la canción de la vaca lechera y verás cómo se queda tranquilo. Hemos probado con muchas
canciones y la única con la que se calma es con esta». Le pareció curioso y extraño a la vez. Al cabo de un instante, la abuela recordó que
esa misma canción era la que su padre le cantaba de pequeña cuando lloraba o estaba nerviosa.
Esta historia real me la contó una buena amiga. Sabe lo mucho
que me interesa el estudio de la herencia de los comportamientos y
de los estados emocionales. He tenido la oportunidad, a lo largo de
mi vida, de conocer infinidad de historias personales que reflejan la
influencia que ejercen las experiencias de nuestros familiares. Muchos de los estados emocionales que vivimos no parecen tener una
explicación lógica. Solo cobran un significado para nosotros cuando
los percibimos desde una óptica transgeneracional.
Recuerdo el caso de una señora que me contó que estaba triste
desde que tenía uso de razón. Le pregunté por el estado emocional
de su madre cuando ella estaba en su vientre; le expliqué que las
emociones que siente la madre durante la gestación son experimentadas directamente por el feto, hasta el punto de que marcan las
emociones de este. La señora recordó entonces que su madre, durante el embarazo, estaba muy preocupada por su propia madre.
Esta se encontraba gravemente enferma y murió poco después del
parto. Durante varios días, la recién nacida permaneció en brazos de
su madre, que estaba muy triste y no paraba de llorar.
Los momentos y las situaciones dolorosas se guardan en nuestra
memoria inconsciente y se reactivan cuando se dan unas condiciones parecidas. Al terminar nuestra conversación, la señora me dijo:
«Ahora comprendo por qué lloré tanto cuando nació mi hija. No lloraba por su nacimiento, estaba reviviendo el mío». De repente se sintió aliviada. Se dio cuenta de que en lo más profundo de su ser ocurría algo que le era ajeno. Cuando lo comprendió, pudo «soltarlo»