Del otro lado del miedo

Confiésame cuál es tu miedo más grande Siempre he pensado que al miedo le hemos hecho muy mala reputación y es precisamente eso lo que ha llevado a muchas personas a tener una mala relación con él, incluso desde la infancia. En lo personal, me causa un poco de conflicto mirar por ahí propuestas, la gran mayoría de corte motivacional, que venden la idea de que el miedo es algo malo, propio de cobardes y que, como tal, habría que evitarlo o, al menos, no demostrarlo para ganarnos un lugar en la vida. Hay quien afirma que tener miedo, o dejar de tenerlo, es una cuestión meramente de voluntad y que si se sufre por él, pues es porque se quiere sufrir. Sin embargo, el problema no es el miedo en sí, sino la forma, la dimensión, el momento y el contexto en el que éste se manifiesta, lo que puede hacerlo útil o algo francamente dañino. Considero que conviene no verlo como algo que ocultar, el amo a obedecer o, al menos, impedir que sea él quien determine el camino de nuestra vida, porque su papel no es el de guía, sino de protector y a veces de consejero. Otro problema con el miedo es cómo y de qué lo alimentamos; no pocas veces son nuestras propias fantasías, culpas y remordimientos los que contribuyen a crear una especie de miedo ?vitaminado? que se convierte en aquel gigante