Cómo escribir tu propia historia

Tal vez debamos comenzar así:
Hola. Somos Raquel y Alberto, somos escritores, y te damos la
bienvenida a estas páginas. ¿Te interesa la escritura? ¿Has pensado en escribir una historia?
Pero lo más lógico es que, claro, tu respuesta sea “sí”. A lo mejor viste este libro exhibido en algún lado y su título te llamó la atención,
y por eso lo conseguiste. También puede ser que alguien te lo haya
regalado, pensando en que podría agradarte. En cualquier caso, es
bastante probable que sí te dé curiosidad el tema de la escritura.
Tampoco es tan raro como podría parecer.
En esta época da la impresión de que las formas de relacionarse
con otras personas, de darse a conocer, de encontrar amistades van
por otro lado. O bien, de que las actividades que nos apasionan más “normalmente” no pasan por la escritura (ni, para el caso, por la lectura). Pero lo cierto es que para muchas personas —y no todas ellas
escritoras profesionales— escribir es una parte importante de la vida
cotidiana: una actividad que les permite comunicarse libremente,
expresar aquello que les importa y, de hecho, encontrar toda clase
de satisfacciones.
¿Pasas tiempo en las redes sociales? Ya has escrito. Y probablemente más de lo que hicieron tus padres. No es necesariamente una
escritura como la que se encuentra en los libros, es decir, como la
que generaciones enteras aprendieron a reconocer hasta los últimos
años del siglo pasado. Pero es escritura: símbolos, como estas letras
que estás leyendo, que de alguna forma manifiestan palabras, ideas,
sentimientos. Todo de forma muy similar a como lo hacemos al hablar, pero que se queda almacenado en una superficie como esta
hoja, en la que se puede volver a leer tantas veces como se quiera.
Y si de alguna forma te inquieta la escritura, seguro ya has pensado en contar una historia. Tal vez quieras dar a conocer, o al menos
dejar clara para ti, una serie de ideas que has tenido; o tal vez te gustaría que otras personas supieran cómo te sientes…, o tal vez quieres
que lo sepa una sola persona.
(Para todo eso, y más, sirve la escritura, y le ha servido a gente
joven de todas partes del mundo a lo largo de miles de años. Por
eso tenemos la absoluta seguridad de que puede servirte a ti ahora.)
Si estás en cualquiera de las situaciones anteriores, ya te habrás
empezado a preguntar, por lo menos, cómo poner en palabras esas
sensaciones o esos pensamientos; por dónde comenzar y cuándo
ponerle fin. Para eso (y para algo más) te pueden ayudar estas páginas, en especial si lo que quieres es escribir lo que llamamos narra tiva, es decir, contar una historia: una serie de sucesos que ocurren
a lo largo de cierto tiempo en cierto entorno, y en los que participa
cierto número de personajes. Contar historias no es lo único que
se puede hacer mediante la escritura, pero sí es una de las formas
más populares de utilizarla en la actualidad, y además una que ya
conoces: ¿has visto una película o una serie, jugado un videojuego,
leído un cuento o una novela? La gran mayoría de todas esas obras
son narrativas, es decir, cuentan historias. Tal vez incluso alguna de
ellas te inspira ya a contar tu propia historia. Algo que se debe decir tan pronto como sea posible acerca de la escritura es que comenzar, inevitablemente, requiere esfuerzo. No es
fácil, igual que no es fácil empezar muchas otras actividades en la
vida, desde andar en bicicleta hasta tocar un instrumento musical. Es
posible que ya hayas empezado, incluso, a
darte cuenta de esto. Suele pasar que el
escribir se nos ocurre por primera vez
cuando, de pronto, tenemos una idea:
una que nos parece estupenda, urgente, auténtica, necesaria. Una idea que
debemos poner en palabras. Y entonces,
a la hora de tratar de hacer precisamente
eso, viene la primera decepción de cualquier persona que escribe: no sale como queríamos. Las palabras no suenan exactamente como sonaban
en nuestra cabeza, cuando aún no las poníamos en el papel o en
la pantalla. Las frases se sienten inapropiadas de alguna forma: la
impresión no es la esperada.
Algunas personas tienen esta experiencia, se sienten frustradas
con el resultado del primer intento y nunca más vuelven a probar,
lo cual nos parece tristísimo.