Cómo explicar genética con un dragón mutante

—¡A Filipinas! ¡Nada menos! ¡Que nos vamos de viaje a Filipinas!

Es verdad que costó un poco convencer a los padres de Ada y Max de que les dieran permiso para irse con la tía Saturnina hasta Filipinas ¡tres semanas enteras! Pero no hay nada que la divertida tía Saturnina no pueda conseguir. Es persistente hasta el agotamiento y puede convencer a quien sea de lo que sea, pero, eso sí, siempre de forma adorable y encantadora.

El caso es que allí estaban, dispuestos a pasar unas vacaciones de ensueño: Ada, Max, una colección de maletas absolutamente exagerada y la tía Saturnina, con una sonrisa de oreja a oreja y armada hasta los dientes con todo el equipo de turista profesional. —Tía, ¿no crees que llevas demasiadas cosas? Déjanos llevar algo, anda —dijo Ada mientras trataba de adaptarse sin mucho entusiasmo a los pasos precipitados de la tía Saturnina.

—Tonterías, no está de más pensar en todos los detalles, nunca se sabe qué puede encontrarse una. ¡Venga, apresuraos que nos cierran la puerta de embarque! ¡Max, aparta los ojos de la guía, que te vas a tropezar, ya tendrás tiempo de leer en el avión! ¡¡Vamostardevamostardevamostarde!!

Max iba a lo suyo:

—¿Sabíais que el idioma que se habla en Filipinas es el filipino, que tiene su base en el idioma tagalo y en el español? —dijo Max entusiasmado—. ¡Nos va a entender todo el mundo!

Él nunca había salido de España y estaba fascinado con la idea de volar a otro país, ¡hasta a otro continente!